Me encontraba desanimada,
Por los infortunios que suceden a veces,
Cosas de la vida diaria…
Llego la noche y me recosté como siempre,
Mirando a la pared.
Empecé a pensarte, no sé bien porque.
De pronto estabas frente a mí sonriendo,
Como aquella noche,
Sonreías.
Estiré mi mano para peinarte,
Como aquella vez.
Y una fría pared interrumpió mi sueño.
No había más,
Solo el choque abrupto de mis dedos con el concreto.
Y el pecho me empezó a arder, de pensarte tanto.
De creer que te necesito para ser feliz.
Que estupidez.
Mis lágrimas se asomaban
e incrédula me repetía que no valía la pena,
Que no otra vez no.
Y aunque ganas tengo de borrar lo que he escrito
Porque jamás lo leerás,
Porque aunque lo leas,
Le darás un valor igual a cero.
Hace poco volví a espiarte,
Para saber de ti,
Para ver si sigues igual a como te recuerdo.
Pero entonces la cruda realidad me golpeó,
Dejaste escapar detalles de tus gustos
y son incompatibles con los míos.
Me entristece saber que he amado a un fantasma.
Porque una de las cosas que me enganchó a ti fue eso,
Que lo compartíamos todo.
Que parecía que coincidíamos hasta en lo más mínimo.
Que era el destino.
Pero no.
Nunca coincidimos.

Quererte fue tan desafortunado.
Aunque cuando te vi senti que en realidad la fortuna habia llegado.
Quizas fue una llegada intempestiva, un choque mortal.
Porque desde que mis ojos y los tuyos se toparon supe que todo seria una ilusion.
Una idea, un sueño, un algo sin serlo.
Y que hago con esta idea de ti?
Que hago con lo que siento cuando el rostro de vos se asoma?
Que hacer si realmente no puedo hacer nada.
Esto es lo amargo: Con las idealizaciones no podemos actuar.
Todo esta dentro de tu cabeza.
Fue real? Que cosa?
Y es amargo saber que eres solo un pensamiento que se escapa como el humo.
Y de todo esto lo unico real es el dolor.
Y aunque la distancia me separase físicamente de ti, sabía que te quedarías conmigo.
No solo en mis pensamientos, sino en cada costumbre que dejaste en mí; en cada palabra o frase tuya que ahora, formaba parte de mi lenguaje.
Al final yo nunca le deseaba abrazos a la gente, ahora creo que te dejo en cada escrito cuando me despido.
Ya no se ni lo  que digo.

Te necesito.

Y créeme que podía entender que probablemente nos equivocamos por igual al elegirnos pero yo, con el tiempo, supe que podría funcionar, que al menos con esfuerzo y dedicación, nos la pasaríamos bien en el camino… pero mientras el tiempo a mí me convencía, con ese mismo tiempo, tú te desinteresabas. Las probabilidades me fallaron...

Olvide contar contigo.








Quizás mi error fue que así todo pendejo como eras, 
te quise.

Incluso a sabiendas de que no ibas a cambiar.